May 22, 2019

Todo sobre el mundo del motor

Se disputaba la séptima vuelta del Gran Premio de San Marino, la tercera cita del Mundial de F1 de 1994. La temporada no había comenzado muy bien para los intereses de Ayrton Senna, que, después de tres títulos de campeón del mundo con McLaren ( 1988, 1990 y 1991), quería demostrar que también podía ganar con Williams, pero un jovencito alemán, Michael Schumacher, había arrancado el año dispuesto a hacerle la puñeta.

A las 14:17 horas del 1 de mayo, el Williams número 2 perdía el control cuando intentaba gestionar una curva y se estrellaba contra el muro de Tamburello a 220 km / h. La gente que se reunía en el circuito y los millones de personas que en todo el mundo veían en directo la carrera por televisión contuvieron la respiración. Estaba siendo un fin de semana negro para la F1, con un accidente grave de un joven Rubens Barrichello durante los entrenamientos del viernes y con el accidente mortal del austríaco Roland Ratzenberger durante la jornada del sábado. Pero las malas noticias fueron aún más allá, cuando horas más tarde, en el hospital, se confirmó la muerte de Senna, uno de los pilotos más carismáticos que ha tenido la F1 y que ahora, 25 años después de su muerte, los aficionados todavía añoran y lo recuerdan con pancartas cada fin de semana de Gran Premio. «Es un héroe y lo seguirá siendo siempre. No conocía bien su personalidad, así que lo que me gustaba más es lo que él representaba y lo que era capaz de hacer al volante», decía recientemente Lewis Hamilton, actual campeón de F1 .

Según las informaciones que se conocieron más tarde, el accidente se debió a la rotura de la barra de dirección del Williams, que hizo que el monoplaza siguiera recto, sin control. Y, por el impacto contra el muro de Tamburello, una pieza del brazo de suspensión del Williams FW16 se desprendió y atravesó el casco del brasileño, lo que le provocó la muerte. Los médicos corrieron para tratar de salvarle la vida, pero a pesar de los esfuerzos del ídolo brasileño murió en el hospital horas más tarde después de una carrera que él confesó que no quería correr, tal como explica el periodista Giorgio Terruzzi el libro ‘La última noche de Ayrton Senna’ (Contra). El accidente de Barrichello el desquició, y la muerte de Ratzenberger el sábado hizo que la tensión y la ansiedad se apoderaran de él. Tanto, que desde el mismo trazado, el sábado Senna llamó a su novia, la modelo Adriane Galisteu, para decirle que no quería correr la carrera de Imola. Pidió a la FIA suspender la carrera, pero le dijeron que no, que el Gran Premio se disputaría.

Como explica Terruzzi, aquel 30 de abril Senna se fue a cenar en la Trattoria Romgnola de Castel San Pietro Terme y de allí fue cabizbajo hacia su habitación del hotel. Y era ‘su’ porque siempre que corría en Imola se alojaba en la misma: la suite 200 del Hotel Castello. Esa noche, el piloto brasileño repasó su vida, tanto el presente como el pasado. Muchos episodios para rememorar, muchos instantes actuales para analizar. Tantos, que a las 5 de la madrugada del 1 de mayo de 1994, Senna aún estaba despierto acostado en la cama, con la biblia en la mesilla de noche, como no podía ser de otra manera. «Está exhausto, pero ha valido la pena. Ha recorrido los años de su vida, un viaje imposible de realizar en pocos minutos. Ha necesitado una noche entera, esta noche tan extraña, tan necesaria. Tan ordenada», concluye Terruzzi a su libro.

El accidente convirtió un piloto carismático en un mito, en un icono de la F1, en una leyenda. Él, que fue de los primeros en entender que ser piloto de F1 era mucho más que ser un piloto excepcional, que también había que cuidar la preparación física y la mental, y que también había que cuidar la imagen. La fe católica le daba un punto místico que contrarrestaba de alguna manera con las sonadas relaciones que tuvo con Xuxa, la conocida estrella de televisión, y con la modelo Adriane Galisteu, una relación que no contaba con la aprobación de su familia pero para la que él luchó.

25 años después, Senna todavía es recordado. Él, que el 1 de mayo de 1994 se ocultó bajo el mono una bandera austriaca para, en caso de triunfo, dedicárselo a Ratzenberger, podrá ver años más tarde como aquel homenaje se lleva a cabo. El Circuito de Barcelona-Cataluña prepara para la próxima semana, durante la carrera de F1, una serie de actos para recordarlo y para completar ese homenaje que Senna quería hacer y que aún ahora queda pendiente.

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